Sisápulo

Los habitantes de Sisápulo no han necesitado nunca que nadie les diga lo que tienen que hacer. Desde que la ciudad fuera fundada, hacía setenta y seis años, nadie ha gobernado jamás a sus gentes y, por supuesto, nunca en toda su corta historia se han elaborado leyes o normas que ni siquiera intenten indicar a los sisapulenses qué camino deben seguir a lo largo de sus vidas o de qué manera tienen que comportarse.

La ciudad tiene el mismo origen que el Universo. Es fruto de un error, en este caso, administrativo. El país del que procede había estado dividido de manera violenta y, una vez cesaron los combates, resultó que todos los que, de alguna manera, tenían relación con Arcos del Pico Salido, habían muerto o habían perdido el juicio, de tal forma que nadie cayó en la cuenta de su existencia. Los habitantes que quedaron, apenas unos treinta, viendo que nadie recababa en ellos, decidieron, tras tres meses sin noticias, cambiar el nombre a la localidad con objeto de que ésta se confundiera para siempre entre los distritos oficiales del nuevo Estado que se había creado, quedando al margen para siempre.

De Arcos del Pico Salido a Sisápulo, no se sabe muy bien por qué y tampoco, tantos años después, se lo preguntan los algo más de doscientos habitantes de la ciudad. No hay razones en Sisápulo para conocer su Historia ni menos aún interés por documentarla. Aquellos primeros treinta pioneros tomaron una última decisión colectiva a comienzos del verano de 1939. Nadie viviría en Sisápulo dirigiendo la vida de los demás; tampoco existiría algo parecido a un Comité ni mucho menos una Agencia o Gobierno. Quien quisiera podría abandonar sus tierras y contar lo sucedido, si es que llegaran a creerlo, más allá de sus tierras.

Ninguno de los fundadores abandonó la ciudad. En mitad de la Nada, como ellos denominan al Estado vecino que lo rodea, han sabido vivir libres y crecer como comunidad. Las relaciones administrativas con la Nada no han sido fáciles. Es complicado relacionarse con una comunidad que carece de representante o algo que se le parezca. Así que la Nada, a lo largo de todos estos años, ha terminado por ignorar a Sisápulo. Y eso que la Nada ha cambiado de regímenes, aunque los dos comiencen por la misma letra. A pesar de eso, sus habitantes continúan perdidos dando tumbos en torno a la cuestión de cómo organizarse. De vez en cuando, a Sisápulo llegan noticias de los numerosos infortunios que azotan a la Nada, todos lamentablemente relacionados con los gobiernos, representantes, una suerte de personas denominadas políticos y un sinfín de conceptos extraños para los más jóvenes de la ciudad, entregados a otros fines más útiles para sus vidas.

En Sisápulo, es legal entrar y quedarse, sin necesidad  de convenios ni acuerdos internacionales. Pero, por alguna razón, nadie que provenga de la Nada quiere hacerlo. Ha habido intentos aunque, tras unos días en la ciudad, los foráneos acaban marchándose. Las razones que arguyen son parecidas en todos los casos: necesitan que alguien les dirija la vida. Necesitan quejarse y compararse. Les parece que, sin gobierno, la vida tiene poco o ningún sentido, que para eso se podía haber quedado la Humanidad en la Prehistoria. Los sisapulenses se miran los unos a los otros asombrados. Ellos no entienden la vida sin sus propias decisiones, libres y consecuentes con sus actos.

En Sisápulo no hay televisión. Es que no había ninguna cuando se fundó y después, ciertamente, no ha interesado mucho, ya que la gente anda siempre a lo suyo y no les interesa la vida de los demás. Es cierto que sintonizan las señales que provienen de la Nada aunque su programación les resulta francamente aburrida. No es que la calidad de sus contenidos no sea adecuada. Lo que ocurre es que todos coinciden en que no solamente se vive a base de programas cómicos. Los sisapulenses son serios en su justa medida, trabajan mientras lo necesitan y el resto del tiempo lo dedican a ellos mismos, en función de sus gustos y aficiones. Les interesa poco o nada la vida de sus vecinos, confían los unos en los otros y nunca en todos estos años alguien se preguntó si podrían vivir mejor de otra forma, más que otra cosa porque los sisapulenses están en la bendita Gloria desde que nadie los gobierna.