La plaza

De ella recordaba los juegos de la infancia, los primeros amores de interminables despedidas, las tardes mirando la vida pasar, crecer, continuar. En los últimos años la atravesaba sin pararse en ella, de ida o de vuelta de sus templadas sobremesas y, aunque ya eran escasas las ocasiones en las que se sentaba en uno de sus bordes, aquellos recuerdos vivían en su interior, produciendo esa amalgama de sentimientos que se agarran al estómago cuando se mira al pasado con cierta nostalgia, con cierto alivio también. Siempre pensó que era de los pocos sitios que únicamente le traían a la memoria una sonrisa sin que fuese necesaria otra cosa que estar en ella y dedicarse a mirar un bullicio que llevaba toda la vida allí. Hubo muchas tardes en el pasado que construyeron lo que ahora, frente a ella, recordaba de pie mientras esperaba y sentía muy de cerca pasar otra vida que cada día se parecía más a la que buscaba.