Crudo, que lo tenemos

SogaHemos asistido esta Semana Santa a una nueva subida en el precio de los carburantes. Versiones oficiales hay muchas. De un lado, que si la demanda estos días es mayor (¿bajarán los precios de los carburantes cuando termine la Semana Santa?), de otro, la situación geopolítica de algunos países productores de petróleo (¿de todos? ¿quién provoca esas situaciones geopolíticas?). ¿Alguien cree estas relamidas explicaciones? ¿Alguien conoce los márgenes con los que operan las tres o cuatro empresas que distribuyen los carburantes en España? ¿Alguien conoce cómo están incrementando sus márgenes? ¿Alguien puede decirnos por qué no hay más empresas que se dediquen a distribuir carburantes? ¿Por qué las estaciones de servicio no tienen facultad para adquirir el producto a aquel distribuidor que deseen en condiciones de libre competencia? Pues porque no hay competencia, tanto que la propugnan estos neoliberales de pacotilla, encorbatados, que solamente saben contar milongas delante, eso sí, de un micrófono. Hay muchas preguntas por responder, la primera de ellas es ¿qué va a pasar este invierno? La gente necesita calentarse y el gasoil de calefacción está a precio de alto cargo y las calefacciones de luz traen al público sufridor, al ciudadano, de cabeza. Pasaremos frío, todo porque en la cuna del neoliberalismo, la competencia no existe en los productos básicos para la supervivencia. Y de ello se extrae otra lectura aún peor, hasta que no se agote el petróleo o la paciencia de las masas, no van a dar por fin con otra fuente de energía viable. Curioso.

¿Quién protege y permite esta falta de transparencia? Está claro, los que mandan y los que mandaron y con certeza absoluta los que vuelvan a mandar. Porque el mensaje de “ahora toca sufrir” parece que cala y eso es lo más triste. Tenemos competencia en el mercado de sartenes pero no tenemos competencia en los mercados de energía. Curioso y malo para los que fabrican sartenes.

De otro lado, tenemos el aspecto fiscal. Carburantes, entre IVA e Impuestos Especiales se llevan un 50% aproximadamente. Si nos vamos a la Exposición de Motivos de la Ley 38/1992 de Impuestos Especiales, en ella se alude a que estos impuestos actúan conjuntamente con el IVA (es decir, hay doble imposición) porque ”el consumo de los bienes que son objeto de estos impuestos genera unos costes sociales, no tenidos en cuenta a la hora de fijar sus precios privados, que deben ser sufragados por los consumidores, mediante una imposición específica que grave selectivamente estos consumos, cumpliendo, además de su función recaudatoria, una finalidad extrafiscal como instrumento de las políticas sanitarias, energéticas, de transportes, de medio ambiente, etc.“. O sea, que en la Exposición de Motivos de la Ley, se atribuye a estos impuestos una finalidad extrafiscal, entre ellas, una finalidad medio ambiental, de protección al medio ambiente. Pero el caso es que el impuesto no está configurado en función de las potenciales emisiones contaminantes de los carburantes, como se puede apreciar examinando su hecho imponible y como se puede apreciar sin pensar mucho más allá pues, resulta razonable, lo que contamina sería el litro de carburante y no su precio y por ello, debiera configurarse este impuesto como de cuantía fija y no ad valorem (ahora mismo, cada vez que sube el precio sube también el impuesto; eso es ad valorem). Ya de por sí, resultaría frágil este vínculo pues no es lo mismo gastar un litro de carburante en un automóvil que en otro con un motor o filtros más eficientes, pero aun así, el pretendido vínculo entre la carga tributaria y la protección al medio ambiente sería más fuerte que el del precio. Sin embargo, claro está, si los impuestos especiales fuesen de cuantía fija (un tanto por litro siempre y no por lo que valga en el momento) la Hacienda Pública siempre recaudaría lo mismo e incluso, en un hipotético caso de reducción de consumo mediante medidas de ahorro como los 110 km/h, menos. Sin embargo, si el mercado de distribución de los carburantes no es transparente, no tiene competencia y los impuestos son fijados sobre los precios, la recaudación es claro que, lejos de resentirse, seguirá aumentando. Y todo ello con unos productos en los cuales, como bien señala el profesor Herrera Molina en su trabajo Derecho Tributario Ambiental (Marcial Pons 2000), “el consumo de los productos sujetos a este impuesto no representa un especial capacidad económica“, es decir, consumir gasóleo de calefacción, gasoil o gasolina para calentarse o ir a trabajar no quiere decir que tengamos mucha pasta, simplemente que no tenemos opciones de transporte público y que tampoco tenemos opciones de productos alternativos. Conclusión: ya estamos otra vez pagando impuestos sin tener en cuenta la capacidad económica. Toma patada a la Constitución, texto del que tanto se les llena la boca a TODOS.

Y seguimos sumando, IVA al 18%, pensiones bajando, más años de trabajo, despido casi libre, sogas a los autónomos, ley hipotecaria beneficiando a entidades financieras, ausencia de responsabilidades en la gestión de las Cajas, carburantes cada día más caros y la tele que nos trata como si fuéramos idiotas. ¿Qué va a pasar este invierno? Señores neoliberales, sigan apretando.

Artículo editado en Yamelosé

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