La mal llamada privatización de los servicios públicos

Los procesos de externalización en la Administración Pública son ya antiguos. Desde hace décadas, todos los niveles de la misma se han acogido, en mayor o menor medida, a ellos aludiendo diversas razones de índole organizativo y económico. Sin embargo, es a partir de la crisis originada en 2008 cuando estos procesos se han intensificado y su repercusión social y mediática se ha incrementado debido a que ciertos sectores de la Administración considerados clave (sanidad) son objeto de tales prácticas. Trataremos, en el presente artículo, de explicar qué es la externalización, cuáles son sus ventajas, cuáles sus inconvenientes, cuándo o en qué actividades podría ser eficiente acometerla y qué razones puede haber detrás de las decisiones que se están tomando con las inversiones públicas, financiadas por el conjunto de los ciudadanos. ¿Estamos ante un problema de riesgo moral?

¿Qué es la externalización?

En una organización, sea pública o privada, externalizar actividades es, simplemente, dejar de realizarlas en el interior de la organización, contratando para ello a un tercero que será el encargado de llevarla a cabo.

Imaginemos una empresa A que, una vez al mes, debe realizar una inspección de sus instalaciones porque así lo exige una normativa. Tal vez esta empresa piense que le resultaría más conveniente contratar los servicios de otra empresa especializada en tales inspecciones para que una vez al mes emita un informe. De esta manera, la empresa A se centra en su principal actividad y no tiene que destinar recursos a una tarea administrativa. Ha externalizado esta función.

¿Cuáles son las ventajas de externalizar?

La primera ya la hemos adelantado anteriormente. La empresa que externaliza concentra sus recursos (capital humano, capital físico) en su actividad principal, en aquella que le genera valor añadido, en las actividades primordiales que la diferencian del resto.

La segunda ventaja es que la empresa sustituye inversiones por gastos. La empresa no ha de invertir en capital humano especializado en una tarea que no le reporta valor. Recibe una factura mensual y la contabiliza como gasto corriente.

La tercera ventaja es que disminuye su carga de costes fijos. Al externalizar este servicio, no se enfrentará a un coste laboral, ni administrativo, etcétera. Disminuir los costes fijos acerca el umbral de rentabilidad y aumenta la capacidad de la empresa para generar un resultado positivo, beneficios.

¿Cuáles son los inconvenientes de externalizar?

Evidentemente, el principal es la merma de autonomía. Si la empresa delega en otra una actividad que antes ejercía ella misma, es claro que deja de gobernarla. El matiz, no obstante, es que si la externalización se ha realizado sobre las actividades correctas y de la manera correcta, los riesgos son realmente asumibles.

¿Imaginan que la empresa A fabrica automóviles y externaliza la fase de diseño de los motores? Sería un completo desastre externalizar la función más principal de esta empresa.

Entonces ¿qué actividades externalizar?

A estas alturas, ya lo tendrá claro. Se externalizan aquellas actividades que consumen recursos de la empresa sin generar valor añadido. Aquellas que aportan escaso valor al producto y que a la empresa le ocupan recursos que podría estar aplicando a otras actividades.

En nuestro ejemplo, ¿por qué perder recursos formando a un trabajador para que inspeccione una vez al mes las instalaciones si podríamos estar formándolo en diseño de motores? No tiene mucho sentido.

Así pues, las actividades objetivo son aquellas que no aportan valor al producto y que hay que realizar de manera esporádica. Si son estas las actividades que se externalizan, los riesgos son muy asumibles.

La privatización de lo público

En nuestro país, técnicamente, no se está privatizando ningún servicio público. Se están externalizando actividades de ciertos servicios públicos pero la titularidad del servicio sigue siendo pública. Privatizar la sanidad supondría que la Administración Pública dejara de ofrecer el servicio y que los ciudadanos tuviéramos que dirigirnos a empresas privadas para solicitar el servicio de atención médica. Claro que también supondría dejar de pagar tantos impuestos porque, a fin de cuentas, ya no habría nada público que financiar. Dedicaríamos nuestros ingresos a contratar seguros médicos privados y a vivir la vida, aunque ese es otro tema.

¿Se imaginan privatizar la policía? Cualquiera de nosotros podría llamar a las dos de la madrugada para denunciar un robo en nuestra casa y la empresa de seguridad tendría que verificar si somos abonados y tenemos crédito suficiente o un seguro contratado antes de enviar unos patrulleros privados a sueldo. ¿Futurista? Quién sabe.

Bien distinto es que se externalice el servicio de atención al ciudadano y que cuando llamemos a las dos de la madrugada con el caco en la habitación de al lado, creamos que nos hemos equivocado de número y que estamos llamando al servicio de reclamaciones de nuestra compañía telefónica. Esto ya no parece tan futurista ¿no creen?

¿Se está externalizando lo correcto en la Administración Pública?

En mi opinión, y esto no es ni de lejos un artículo científico, creo que se ha perdido el norte. Empecemos por el tipo de actividades y la naturaleza del sector.

El caso más flagrante es el de la sanidad. Se están externalizando servicios de gestión de hospitales así que cabe preguntarse si estas actividades aportan o no aportan valor al producto final: una atención médica adecuada al ciudadano que financia la sanidad con sus impuestos. Ustedes decidirán si la gestión de un hospital tiene algo que ver con el valor de la atención médica. Tengan, para ello, en cuenta que la gestión se ocupa de las listas de espera, de las listas de material a comprar, existencias, turnos, gestión de personal, etcétera. Desde luego, si piensan que es una actividad importante, ya tienen la respuesta.

La gestión económica de un hospital incluye aspectos tan cruciales como compras de material. Pues bien, si la externalización es competitiva (se contrata a una empresa con ánimo de lucro), sería de idiotas esperar que el criterio económico quede relegado a un segundo plano. Tal vez, si la externalización fuera cooperativa (se contrata a empresas sin ánimo de lucro) podríamos dar un voto algo favorable.

Otra de las ventajas de externalizar es que disminuyen los costes fijos, tal y como hemos señalado al principio de este artículo. Veamos qué está pasando en la mayoría de las concesiones administrativas (externalizaciones) que se están otorgando.

Si uno bucea por Internet en busca de “Pliegos de condiciones” donde se explicitan, entre otros, las condiciones económicas que se ofrece a la empresa privada que finalmente lleve a cabo el servicio, se va a encontrar con que, en la mayoría de las ocasiones, la entidad pública que externaliza (Comunidad Autónoma, Ayuntamiento, …) ofrecerá una subvención anual a la empresa más los ingresos derivados de la explotación del servicio.

En estos pliegos, se habla de compensación anual o de subvención anual. El caso es que la entidad pública (por ejemplo, el Ayuntamiento), vía presupuestos, ha de satisfacer una cantidad anual. Por ejemplo, para el caso de una piscina cubierta, es usual encontrar una cantidad de 100.000 euros aproximadamente.

Lo que motiva la entrega por parte del Ayuntamiento de estas cantidades fijas es el hecho de que es necesario para que la empresa privada obtenga beneficios. Surgen aquí dos cuestiones:

  • La primera es preguntarse si con la externalización realmente el Ayuntamiento reduce sus costes fijos. ¿A cuánto ascenderían estos si el Ayuntamiento gestionara el servicio? No hay datos, no hay cálculos; al menos no son públicos ni están contrastados. Así que lo de la reducción de costes fijos podemos dudarlo.
  • La segunda es preguntarse cómo es posible  que tal actividad genere beneficios para una empresa privada y no es posible ofrecerla en las mismas condiciones desde el mismo Ayuntamiento, más si tenemos en cuenta que:
    • estas empresas se ven obligadas a contratar personas de la misma localidad, con lo cual estas empresas no aportan trabajadores especializados y esto mismo podría realizarlo el Ayuntamiento
    • estas empresas están sujetas a unas tarifas al público que no pueden subir sino que vienen dictadas por el Ayuntamiento y esto mismo podría realizarlo el Ayuntamiento
    • los responsables públicos suelen salir en prensa defendiendo la importancia y el valor añadido que genera para la localidad contar con estos servicios públicos (si tan importantes son, ¿por qué se externalizan?)
    • los responsables públicos y los medios de comunicación así como los ciudadanos critican el exceso de personal en los Ayuntamientos que bien podría reubircarse en estas tareas mediante planes de empleo

Demasiados interrogantes. Sobre todos ellos destaca el hecho de asumir públicamente que el servicio se externaliza porque en caso de ofrecerlo el Ayuntamiento sería mucho más caro, que no es otra cosa que asumir que la propia gestión del Ayuntamiento es deficiente y que, por tanto, tal vez sería ésta la que debiera ser externalizada, ¿no creen?

El riesgo moral

Para terminar, quisiera presentar el concepto de riesgo moral, que indica el problema que se presenta cuando una parte contratante asume demasiados riesgos a sabiendas de que, si algo finalmente sale mal, no pagará las consecuencias sino que éstas serán asumidas por el resto.

Reflexionemos sobre quiénes toman las decisiones de externalizar actividades de ciertos servicios públicos capitales, sobre cómo se reparten las responsabilidades en la esfera política española y sobre si, ante la decisión de privatizar la gestión de un servicio médico, también los decisores asumirían sus posibles consecuencias negativas o si éstos ya cuentan con algún tipo de cobertura médica adicional. Eso es, sin duda, riesgo moral.

La crisis bancaria y el valor del oro hoy en día

A lo largo de la Historia, el oro ha desempeñado un papel crucial en las sociedades. Este metal precioso, de generosas cualidades físicas, ha sido y es usado como depósito de valor especialmente en épocas de crisis en las que otros activos parecen diluirse y perder todo su atractivo como fuente de riqueza.

Actualmente, nos hallamos inmersos en una crisis económica, social y financiera de una enorme magnitud en la que la mayor parte de los activos financieros han restado rentabilidad a sus tenedores. Por contra, el valor del oro no ha hecho más que aumentar con la misma intensidad que la crisis bancaria originada por los excesos y desajustes de una década embriagadora.

Como señalan Martín-Aceña y Noques-Marco, las crisis bancarias siempre suelen tener los mismos desencadenantes: desregulación financiera, entrada masiva de capitales y un sector que genera una burbuja (sirva como ejemplo local el estudio que realizan acerca de dos de las crisis bancarias españolas). Y en todas las crisis bancarias, el oro ha servido para proteger las carteras de los inversores y, por tanto, su precio ha evolucionado de manera directamente proporcional a la intensidad de las crisis bancarias, tal y como podemos apreciar en el siguiente gráfico:

Crisis bancarias y cotización del oroFuente: Luc Laeven and Fabián Valencia. Systemic Banking Crises Database: An Update.
y elaboración propia

Como indica Paul Marson, de Lombard Odier, el precio del oro venía explicándose en un alto porcentaje a través de la Teoría de la Rentabilidad Requerida, en virtud de la cual la rentabilidad del oro está inversamente relacionada con la rentabilidad de cualquier clase de activo, aunque desde el inicio de esta crisis la cotización del metal ha sobrerreaccionado considerablemente.

Examinando el gráfico anterior, y teniendo en cuenta que las crisis bancarias desencadenan fuertes descensos en las rentabilidades de los activos financieros (desplomes en muchos casos), la relación propuesta por la teoría de la rentabilidad requerida se mantiene y, dada la magnitud de la presente crisis económica (no únicamente en volumen de entidades financieras, sino también teniendo en cuenta el grado de globalización e integración económica), no cabría hablar de sobrerreacción sino más bien de consistencia en tal relación.

La crisis bancaria actual es tan intensa que, a pesar de los esfuerzos políticos por suavizarla, minimizarla y adelantar su fin, sigue minando la desconfianza de los inversores, consumidores y emprendedores. El riesgo de ruptura del euro sigue presente a tenor de las precauciones tomadas por la Troika o de la insistencia de Bruselas porque España prorrogue el rescate bancario. Además, los mercados siguen descontando un rescate para España, tal y como indica Lombard Odier. El inversor sigue buscando rentabilidad pero también se fija más en la seguridad y el oro ha servido y sirve para este segundo fin, de ahí que la composición de las carteras se hayan enlucido con el metal precioso desde 2006.

Sin embargo, la pregunta del millón es ¿hasta cuándo mantener oro? ¿seguirá subiendo su precio? ¿se dará un desapalancamiento repentino de las carteras en oro? Como siempre, es difícil asegurar una respuesta aunque, examinando de nuevo el gráfico, parece que los aumentos en la cotización del oro tienen un componente estructural que mantiene los niveles alcanzados una vez superada la crisis. Como componente coyuntural, además, no está claro que la confianza de los agentes se recupere tan pronto como la confianza de la clase política, por lo que podría concluirse que el oro se mantendrá alto (así lo confirma también el mercado de futuros) tanto por factores estructurales como por factores coyunturales.

Absurdo

La semana pasada el Ejecutivo adelantaba una serie de reformas fiscales (básicamente prorrogar la subida del IRPF e IBI y aumentar los impuestos especiales sobre el tabaco y el alcohol) sin dar mayores detalles y, al mismo tiempo, actualizaba sus propias previsiones de crecimiento a peor (caída del 1.3% PIB para este año y crecimiento del 0,5% para 2014).

Lo que parecía pesimista era, no obstante, optimista ya que este viernes tocaba actualización por parte de la Comisión Europea y ésta se ha saldado con una previsión de caída del PIB para este año del 1.5 por ciento. Tanto peor si en esta previsión no se han tenido en cuenta esas subidas de impuestos que el Ejecutivo español planteaba hace 7 días. Cabe esperar una cifra de caída, por tanto, mayor.

Examinando las declaraciones de unos y otros, pareciera que estamos ante un problema en el que, tras aplicar la reducción al absurdo, llegamos a eso precisamente, al mayor de los absurdos. Explicamos:

Resulta que ahora caeremos un 1.5% pero que esa caída será aún mayor porque el Ejecutivo va a subir los impuestos y subir los impuestos nos hará crecer menos. Eso sí, tendremos dos años más para cumplir con el requisito del déficit y debemos seguir haciendo reformas. ¿Alguien lo entiende? Es totalmente absurdo.

Planteémoslo de otra forma:

  1. Para crecer tenemos que reducir el déficit (primer axioma de la Troika)
  2. Para reducir el déficit hay que subir impuestos y recortar gastos (Saldo presupuestario = Ingresos – Gastos)
  3. Si subimos impuestos y recortamos gastos, la economía no crece
  4. Conclusión: Hemos llegado al absurdo (Para crecer -> la economía no crece)

En el punto 2 podría hacerse algo. Si logramos que el paro se reduzca, tendríamos menos gasto en subsidios y más ingresos porque esa gente pasaría a pagar más impuestos y cotizaciones. Pero el problema es que sin crecimiento, no hay empleo. Los economistas lo saben perfectamente e incluso se ponen de acuerdo (síntesis neoclásica-keynesiana). Primero debe haber actividad económica (la gente debe disponer de dinero para ir a las tiendas y que éstas vendan y por tanto necesiten gente para trabajar), después podemos hablar de flexibilizar el mercado laboral. Ahora mismo, por más que lo flexibilices (bajada real de salarios aún mayor -ojo, llevamos una bajada del 5.3% en salarios reales- , despido libre, etcétera) la gente no contrata puesto que no hay ventas, ¿para qué contratar si ni yo mismo como autónomo puedo mantenerme? Es de locos. Es absurdo. Esta gente no está en el mundo. Desayunan, comen y cenan en alguna luna de Júpiter.

Además, de nuevo vuelven a mentir todos. Estas últimas semanas nos hemos emborrachado con la euforia que todos los medios daban en llamar “El fin de la austeridad” ¿El fin? Los ajustes continúan. Además de estas subidas de impuestos que van a lastrar el crecimiento, está la reconfiguración de las pensiones (factor de sostenibilidad) para que pierdan poder adquisitivo (es decir, bajen) todos los años y, a la vuelta de la esquina, un recorte de 12.000 millones de euros en funcionarios y una bajada de los salarios reales también del resto de asalariados. ¿Dónde está la austeridad? ¿Son medidas para el crecimiento?

Ahí está la solución. El objetivo no es crecer. Es atender los pagos de la deuda. Así, jamás podremos crecer y jamás podrá salirse de esta situación. Vienen más recortes, esta vez bajo cuerda pero que volverán a lastrar la economía varios años más. Rehn, entre otros, dice que es hora de continuar con las reformas estructurales pero lo que realmente se recorta es el gasto corriente y lo estructural no se toca. ¿Quiere usted reducir el gasto en administraciones públicas? Pues acometan la reforma de las Administraciones Públicas en sus tres niveles. ¿Qué pasa con las 2.500 empresas públicas oficiales que hay de las cuales 1.500 son de Ayuntamientos? ¿Quién trabaja ahí? ¿Qué pasa con el personal eventual de las Administraciones?

Nos quedamos con unos datos, a modo de ejemplo:

Según informe de la OCDE, el gasto per cápita en sanidad en España está por debajo de la media de los países desarrollados y muy lejos del gasto per cápita en Alemania, Francia, Bélgica, Dinamarca, incluso Irlanda.

Según informe de la OCDE, el gasto en educación como porcentaje del PIB y como porcentaje del gasto público total, también está por debajo de la media de los países desarrollados.

En España, existen 2.549 empresas públicas (a las que sumar otras miles que no cumplen estrictamente los requisitos para ser consideradas jurídicamente como públicas), de las cuales 1.449 han sido creadas por las Entidades Locales (ayuntamientos), 857 por las Comunidades Autónomas y 243 por el Estado. No tenemos noticias de que se estén privatizando o cerrando más que algunas pocas (unas 23, ahí es nada) y el personal directivo que trabaja en ellas es personal eventual (un tipo de funcionario sin requisitos ni concurso ni oposición ni méritos académicos, donde su designación es discrecional por parte de la Administración). En 13 años, los Ayuntamientos han aumentado el número de empresas públicas en un 245%

Hagan las reformas estructurales y déjense de engañar a la gente. A este paso, lo único estructural, ya, lamentablemente, es el paro que soporta el país (26%).

Fuente: El País.

 

http://economy.blogs.ie.edu/files/2013/02/Dibujo.jpg

 

¿Seguirán mintiendo dentro de tres meses?

En Economía, las cosas son muy sencillas por más que algunos se empeñen en hacerlas parecer complicadas. Es más, las grandes cuestiones son realmente simples, tanto que existe un entramado de medios de comunicación manipuladores encargados de complicar las cosas, a menudo a través de malintencionados colaboradores de tertulia que no son más que títeres con escasos argumentos científicos.

El diario de la crisis en España tiene una sola palabra: mentiras. No hemos dejado de escuchar mentiras desde el 2008, una detrás de otra, a cada cual más gorda. Naturalmente, las mentiras alcanzan el grado de verdad cuando las apoya mucha gente como tertulianos en unos y otros medios de manipulación. Y por eso la gente las cree o termina por resignarse a creerlas.

No hay más que comparar lo que unos decían y otros criticaban, que es justamente lo que unos critican y otros dicen. Exactamente lo mismo así que cabe preguntarse por qué somos tan idiotas como para seguir dando juego a estas dos opciones que se han tornado en inútiles para dar una respuesta a la situación que viven los ciudadanos españoles.

Con respecto a este año, no hay que tener mucha memoria. En diciembre, el nuevo Ejecutivo acometió una serie de recortes impopulares y aseguró que con ellos y con la nueva reforma laboral, el camino hacia la recuperación estaba sembrado. La receta no había cambiado: subida de impuestos (para más inri, más carga fiscal a las rentas del trabajo) y flexibilización de un mercado laboral herido de muerte que únicamente conformó a las élites dirigentes de la CEOE (a los autónomos y PYMES no, porque su situación venía de la escasez de ventas).

Al mismo tiempo, el regulador MAFO, se dedicaba a dar conferencias asegurando que el cáncer de la economía española era el mercado de trabajo. Debía de darlas con algodones en la nariz, pues el hedor que debía de emanar de las alfombras que éste señor pisaba era propio de un órgano gangrenado hasta los ojos. La reforma del sistema financiero fue tímida, tibia más bien y nos colocamos en el mes de febrero con la única buena noticia de que las administraciones pagarían lo que se debía a los autónomos y pymes, a los proveedores (eso sí, con cargo a deuda pública, por supuesto). Esta, a la postre, ha sido la única medida del Ejecutivo que ha dado oxígeno. El problema es que, aunque se hayan pagado las facturas del años pasado, las de este ejercicio siguen sin pagarse.

En el mes de marzo y abril, los PGE, anticipaban un saldo favorable para lo que quedaba de año pero entonces salta lo de Bankia. No es el mercado laboral, no son los funcionarios, ni los mineros, ni la falta de buen tono de la recaudación tributaria. Es el sistema financiero. La tímida reforma del mes de febrero no era más que un maquillaje y todo se desploma. Los efectos los estamos sufriendo ahora y, es más que probable que en tres meses estemos intervenidos totalmente y todo por el sistema financiero, podrido hasta las cejas porque alguien estuvo maquillando balances, diciendo que lo que era delicado, era muy fuerte.

Descubrimos ahora que no hay técnicos en la mayoría de las Cajas de Ahorro, sino cargos políticos electos a dedo por los diferentes estamentos (patronal, sindicatos, ayuntamientos, comunidades autónomas) que, evidentemente, gestionarían en función de intereses no estrictamente bancarios. Es el problema de este país, que un día llegaremos a nuestra casa a comer y nos habrá hecho las lentejas un político y, por lo tanto, no habrá quien se las coma, porque estarán realmente malas.

Hasta aquí, ya tenemos la combinación de lo que ha pasado:

  1. Recortes que deprimen la capacidad de gasto de los agentes económicos (familias, empresas y sector público), que ralentizan la actividad económica y, por tanto, que deprimen la obtención de ingresos. Es decir, más recortes, menos ingresos, más déficit.
  2. Lo de arriba es la leña. Y aquí está la gasolina, el acelerante. Menos ingresos, menos dinero, hay que pedirlo, los que lo prestan (viendo el panorama tanto económico como político y ético -elefantes, yernos, jueces, políticos, imputados, …), piden más interés por prestarnos el dinero. Más gastos en intereses. Más déficit.

Aquí lo tienes. Gasto poco pero como cada vez tengo menos dinero, tengo que gastar aún menos y eso hace que no pueda ingresar. Cuando voy a pedir prestado encima no se fían de mí porque dicen que no saldré de ésta, que no podré pagar. Por si fuera poco, me estoy quitando de comer pan pero no renuncio a los bombones (¿para cuándo la verdadera y necesaria REFORMA ESTRUCTURAL DE LA ORGANIZACIÓN TERRITORIAL Y FISCAL DEL ESTADO?).

¿Qué puede hacer una familia o una empresa si tiene este problema? Nada, QUEBRAR. Se cierra y punto. El que pueda que cobre y el que no, mala suerte.

¿Puede cerrar un país? Hasta ahora no ¿Por qué? Porque los países, como último recurso, podían tirar del más antiguo de los monopolios que siempre han tenido. Del Banco Central, que es quien “fabrica” el dinero. La historia económica nos ha enseñado que hacer dinero para pagar los déficits no es buena idea porque no mete en cintura a los malos gobernantes (perdón, a los gobernantes) y además crea inflación. Y esto es cierto. Pero también es cierto que los ajustes fiscales (que los apretones de cinturón) han de acomodarse con suficiente dinero para no ahogar a la economía. Gran Bretaña tiene su Banco Central y hará lo posible para encontrar un equilibrio entre ajuste fiscal y acomodación monetaria. Es decir, si yo le digo a mi hijo que tiene que estudiar, debo propocionarle un buen ambiente de estudio, al menos libro, silla, mesa y flexo. A oscuras y sin libro, no va a aprobar.

Y esto es lo que ocurre. Olvidémonos de la prima de riesgo. A los medios de manipulación les encanta pero ya no vale para nada. La deuda española en el secundario es historia. Lo que nos interesa es saber si este mes, alguien nos va a prestar dinero en el mercado primario (es decir, si nos van a prestar dinero) y si nos van a prestar también en agosto y en septiembre. Si no nos prestan y nuestro Banco Central (BCE) tampoco nos acomoda, nos vamos a la intervención que no es otra cosa que dinero a cambio de estar en el agujero durante quince o veinte años. Ahí tenemos la experiencia de Latinoamérica y la más reciente de Grecia, Irlanda y Portugal, países que están mucho peor después del rescate que antes (menudo rescate, para eso deja que me muera).

El otro día tuiteaba Rodríguez Braun (un liberal en el sentido estricto de la palabra, que no un neoliberal) lo siguiente: EUROPA = POLÍTICOS. Es una triste realidad. Europa es el fracaso que tanto británicos como estadounidenses anticiparon a las puertas del nacimiento del euro. Europa es un atasco político inmenso donde toda su casta de cerebros han olvidado para qué se fundó la CEE, ahora UE. Europa debe estar al servicio de sus ciudadanos y no al servicio de unos contados intereses nacionales, particulares. Como bien saben los norteamericanos, una moneda única (el dólar) funciona si hay algo más detrás, que es justamente lo que no hay en Europa. Los británicos también lo sabían y por eso no entraron. Y no es éste un discurso en contra de la cesión de soberanía sino en contra de la chapuza y de la falta absoluta de solidaridad y coordinación social y económica. No me des un caramelo con una mano mientras me sueltas un guantazo con la otra.

¿Puede hacer algo el Ejecutivo? Sí. Lo primero, dejar de mentir. Los médicos no les dicen a sus pacientes de cáncer que no lo tienen. Dejar de mentir y de inventar excusas y, a partir de ahí, comenzar a tener acción política. Tenemos, en tres meses, si el BCE no interviene, dos escenarios:

  1. Rescate total a la economía española –> 15 años en el agujero. Miren a Grecia, Portugal e Irlanda.
  2. Corralito y salida del euro. A fin de cuentas, si Europa no nos quiere, ¿por qué permanecer bajo su absoluto dominio? Recuperación de soberanía y posibilidad de contar con gobiernos que tengan todos los instrumentos. Hay que decir una cosa, y es que no es ningún drama, al menos desde el punto de vista de la ciencia económica, tener una moneda propia. El cambio puede hacer que estemos 10 años en el agujero, pero no 15 y saldremos reforzados. Por no decir, que si España abandona el euro, la zona euro se desmorona y eso se puede utilizar como medida de presión.

Es necesario un Ejecutivo que plantee el problema como realmente está y deje de mentirnos porque entonces, ¿por qué no aplicaron estos recortes brutales en diciembre si es que son los que nos harán crecer y salir de la crisis (me cuesta hasta escribir tanto disparate junto)? Si tanto ayudan, ¿por qué no se hicieron antes? Es más, ¿por qué no los hizo ZP?

Hace falta plantarse en Europa y hacer y decir lo que hay que hacer y decir. Si fuéramos británicos ya estaríamos tardando.

 

Tiempo

Érase una vez, Tiempo. Al contrario de lo que le sucedía al resto, Tiempo había trabajado desde que nació. No tuvo infancia ni fue al colegio. Es más, ni siquiera había sido necesaria una instrucción básica para que se desenvolviera por el mundo. Abrió sus pulmones por primera vez y echó a andar y, desde ese mismo instante, tuvo que atender a los deseos de los demás. Se sintió abrigado con los consejos de aquellos que ya llevan años por aquí, cuando les decían a sus seres más queridos e inexpertos que el tiempo lo cura todo, que el tiempo dirá. En esos casos, Tiempo, era una especie de bálsamo. Sin embargo, en otras muchas ocasiones, se sintió desdichado. Y era cuando dudaba entre correr, instigado por algunos, o ir más despacio, complaciendo así a otros. Todas aquellas voces le confundían y él, que siempre había sido constante y había impuesto un ritmo natural, seguía avanzando a pesar de los gritos y los desmanes.

Finalmente, Tiempo, un día, se cansó y decidió parar. Con sus manos, excavó un agujero y se metió dentro. Cerró los ojos y cerró también sus pulmones. Sus pies dejaron de moverse. Y con ellos, se paralizaron los proyectos de la gente, sus sueños y sus corazones. Una parte del mundo vivió noches eternas y se olvidó del sol. La otra, dejó de dormir y también de soñar. Aquel mundo dejó de ser uno mientras Tiempo estaba triste y cansado. Entre el día y la noche se instauró una frontera infranqueable, donde no había nada. Tiempo se convirtió en el único en el mundo que podía revertir esta situación pero, ni él mismo sabía cuándo dejar de descansar y, mucho menos aún, si algún día dejaría de hacerlo.